El Carbunco; entre la luz y la obscuridad


 

El sol se divisa en el horizonte y poco a poco va muriendo. El día como siempre ha sido espectacular, pero ya es hora de prepararse para emprender el camino de regreso, Osmar alista sus cosas y yo hago lo mismo; algo nos detiene. El fuerte mugido de una de las vacas sobresalta a todos, nos apresuramos a ver qué sucede, y encontramos a la vaca en el piso tratando de parir; al parecer tiene dificultades para hacerlo por su cuenta; de inmediato se prepara un poco de agua caliente y algunas mantas. Todos ayudamos, y luego de esperar un poco al fin se puede observar un hermoso becerro en el piso tratando de incorporarse. Esto nos ha retrasado algunas horas; una vez tranquilos, emocionados, y después de haber disfrutado de una deliciosa merienda, partimos; nuestro abuelo se ofrece a acompañarnos, nosotros aceptamos gustosos, pues es agradable caminar junto a él, escuchando esas grandiosas historias que suele contarnos; hemos salido muy tarde, por suerte es luna llena y el cielo está despejado; así en medio de la noche vamos avanzando desde nuestro querido Añaco, por ese camino que sube a Santiago.

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