Kišpek; un sueño junto a la piedra bruja


Kispek

Me encontraba recostado junto a la piedra bruja, la música sonaba suavemente, y el viento jugaba libremente quebrando el silencio, el frío se puso intenso y recogiéndome contra la piedra crucé los brazos y cerré los ojos. Sumido en mis pensamientos, recordaba las tantas veces que llegué a parar a esta silenciosa roca.

De pronto sentí que algo me sobrevolaba, abrí los ojos y me levanté rápidamente mirando al cielo; no había nada…

Salí caminando despacio la pequeña cuesta, y me pareció algo extraño todo el lugar, no había casas, empecé a desesperar y avancé rápidamente. Se suponía que ya debería estar en la ciudad, pero no había absolutamente nada, el terreno había cambiado y de repente todo era muy aterrador.

Avanzaba lentamente medio aturdido hasta donde escuché unas voces, tratando de preguntar lo que pasaba avancé rápidamente, pero para sorpresa mía eran indígenas hablando en una lengua que no entendía, una lengua que no era ni el quechua ni el aymara; ellos no se habían percatado de mi presencia, era como si no existiera, era como un fantasma que acecha sin ser visto. Los seguí hasta lo que parecía ser una comunidad en el centro de una pequeña colina, todo era tan hermoso, estaba atónito sin poder expresar palabra alguna.

La noche se acercaba, pero no sentía frío, solo el miedo recorriendo mi cuerpo y un aire de extrañeza vagando dentro de mí…

Cayó la noche y habían encendido unas cuantas fogatas, me senté junto a un árbol, nadie notaba mi presencia; me sentía completamente sólo. Observaba como los mayores relataban a los pequeños sus hazañas en medio de rápidos movimientos, pero sin poder entender nada poco a poco me quedé dormido, con la esperanza de que todo fuera un sueño.

Amaneció un nuevo día, me despertaron los rayos del sol que lograban filtrar las ramas del árbol, poco a poco fui abriendo los ojos, me senté y me quedé inmóvil observando el hermoso paisaje y el paradisiaco azul del cielo; por un momento había olvidado todo lo del día anterior. No había nadie a mí alrededor, me incorporé y un poco desconcertado caminé hacia donde se encontraban  un grupo de indígenas, estos estaban preparándose para algún tipo de festividad, todos iban de un lado a otro presurosos, otro grupo de jóvenes se encontraban preparándose físicamente para lo que podría ser un combate.

No pasaría mucho tiempo hasta poder observar por un lejano camino como una escolta acompañaba a lo que parecía ser el emperador de estos indígenas, llevaba vestimenta muy fina, junto a él una hermosa dama le acompañaba, cuya belleza quitaba el aliento, por su edad tal vez se trataba de la hija de este. Les vi como poco a poco empezaban a descender hasta perderse por el río, para luego aparecer en la cima del Wakapongo, que estaba muy cambiado, más hermoso y a la vez escalofriante.

El grupo de jóvenes estaban listos, todos empezaron a bajar hacia el río, allí abajo daban sus últimos preparativos, todos ellos en perfecta forma se preparaban para comenzar algún tipo de expedición, lo que parecía ser el dirigente empezó a indicar a los jóvenes lo que debían de hacer, se les entregó a todos algo que guardaron cuidadosamente, no pude ver de qué se trataba, pero representaba algo especial. Se escuchó un grito que estremeció a todos y se inició la competencia.

Los jóvenes empezaron a subir presurosamente el cerro, donde era muy difícil el acceso por algunas trampas colocadas, esquivando cuanto obstáculo se les presentaba avanzaban rápidamente; a media ladera se habían colocado varios hombres con largas sogas, estos golpeaban a quienes pasaban; los jóvenes tenían que esquivarlos, caso contrario un golpe de estos les demoraría la llegada. Pasando esto, los jóvenes se encontraban con lo que parecía ser una pared de roca en medio de la montaña; cuidadosamente, vigilando que no se les cayera el objeto entregado empezaron a escalar. Avanzaban lentamente, la roca parecía muy dura; esto me recordó la escalada moderna, con la diferencia de que no se contaba con arneses de seguridad, y cualquier caída podía ser fatal.

Me percaté que sobre la pared en donde se encontraban escalando, habían soltado un par de enormes osos, estos se encontraban enfurecidos. Los primeros en llegar trataron de cruzar por debajo de ellos, pero fueron abatidos al instante, rápidamente fueron retirados por unos guardias; lo extraño era que los osos no atacaban a matar, era como si estuvieran entrenados para no dejar pasar a nadie. Poco a poco fueron llegando los demás, quienes trataban de no provocar a estos animales sagrados.

En la cima el emperador observaba con mirada penetrante, su hija un poco preocupada trataba de no ver directamente este ritual sagrado; más abajo se encontraban siendo atendidos los jóvenes que habían caído heridos.

Los osos distraídos por la diferencia de número no sabían a quién atacar, una clara desventaja, a pesar de esto eran muy fuertes; cayó herido gravemente otro de los jóvenes, los demás lo retiraron rápidamente. Con una rápida reunión y diligentes palabras, se separaron en dos grupos y con gran habilidad de organización, en unos minutos tenían atrapados a los osos en medio de sogas.

Una vez librados de los osos, procedieron a sacar los objetos que se les había entregado; pero solo dos los tenían intactos. Ahora quedaba sólo una lucha entre estos dos jóvenes triunfadores; el triunfo estaba cada vez más cerca. Se inició la contienda con rápidos y certeros golpes, ambos jóvenes demostraban sus fortalezas.

Los pobladores que se habían reunido cerca observaban ansiosamente. A mi lado un hombre de gran contextura, con el cuerpo un tanto quemado por los rayos solares, repetía una y otra vez en voz baja, mostrando un rostro de ansiedad:

  • Kišpek… Kišpek… usu ogoll…

Arriba los jóvenes seguían luchando; la lucha parecía bastante pareja, no se podía saber quién sería el ganador. De pronto cayó uno al suelo, y los golpes empezaron a abatir su rostro seguidamente, entonces cuando parecía que la lucha tenía un ganador las cosas cambiaron; el joven que estaba en el suelo por medio de un hábil movimiento con sus pies golpeó a su contrincante, y usando veloces patadas combinadas con golpes le hizo retroceder hasta el borde del abismo, donde aturdido casi cae, de no haber sido por la intervención del mismo que le había llevado hasta ese lugar.

El hombre de mi lado al ver esto dio un gesto de alegría, al parecer era el padre del joven ganador, porque su emoción era indescriptible. Así pues el ritual tenía un ganador, un joven al que le llamaban Kišpek. En el rostro del emperador se dibujó una ligera sonrisa, los ojos de la princesa trataban de esquivar al nuevo ganador, pero siempre se volvían a él un poco emocionados.

Kišpek subió a la cima y allí le esperaban el emperador y su séquito, temeroso avanzó con la mirada en el suelo, un sacerdote lo esperaba, le untó y le hizo beber una bebida especial; le colocó un diadema adornado con plumas y seguidamente le hizo arrodillarse ante el emperador, este le felicitó y le invitó a formar parte de sus mejores guerreros, ocupando un lugar especial; el ritual continuó para con los demás jóvenes, ahora eran nobles guerreros. Era una ceremonia de iniciación, del paso de la juventud a la madurez.

Acabado esto empezó una verdadera celebración, los músicos tocaban alegremente al compás del pinkullo, tinya y tushtana; todos los presentes disfrutaban de la bebida y los alimentos que se habían preparado. El emperador sentado disfrutaba del espectáculo, todos estaban muy felices, la algarabía había contagiado a todos; pero me percaté de algo, Kišpek no dejaba de mirar a la princesa, hija del emperador, a lo que ella le correspondía con la misma mirada cautivada. Era un amor peligroso, puesto que en el mundo antiguo el legado de reino debía de ser de sangre real, como en el caso de los incas que se casaban entre hermanos.

Contento de poder ser testigo de estas experiencias, trataba de registrar hasta los más mínimos detalles en mi cabeza; disfrutaba estar en este nuevo mundo, los días continuaban en paz uno tras otro, todo era muy armonioso. Había instantes en que me olvidaba de mi presente, me sentía parte de todo, me había acostumbrado a ser invisible; pero siempre por las noches en las estrellas vislumbraba mi hogar.

Estaba pues un día de estos entre la gente escuchando atentamente su lengua, de pronto todos empezaron a esconderse y alejarse, no entendía porque lo hacían; miré a todas partes sin poder encontrar nada. Entonces de la nada sentí que algo se acercaba, y pude ver como un ser aterrador cruzaba el pueblo; casi todo su cuerpo estaba cubierto por una negra capa, una máscara estremecedora no dejaba ver su rostro, y en la mano llevaba un bastón con una gran cantidad de símbolos y detalles; daba grandes pasos como si estuviera apresurado, me levanté rápidamente y me dispuse a seguirlo.

Me encontraba caminando a toda prisa para estar a la altura de los pasos de este oscuro ser que infundía terror por donde pasaba, por su aspecto se trataba de un ostentoso hechicero; a lo lejos ya se podía observar la fortaleza del emperador, al parecer este le había mandado llamar. Una vez en la fortaleza el emperador se levantó furiosamente y le dijo unas cuantas palabras; al oír estas palabras el hechicero ya sin la máscara mostró una expresión de indignación, se negaba a hacerlo; la discusión continuaba y yo observaba fijamente sin lograr entender nada; el hechicero salió aparatosamente y se dirigió a la salida sin dar vuelta, le seguí rápidamente.

Se detuvo unos momentos cerrando los ojos, tomó un gran respiro, y siguió su caminata; cruzó varios caminos, y desviándose de uno de estos llegó hasta unas enormes piedras. Se introdujo por entre ellas; yo le seguía temerosamente de lo que pudiera ver, entonces vi cómo se detuvo mirando fijamente. Delante de nosotros se encontraba Kišpek junto a la princesa, agarrados de la mano y a la vista un hermoso horizonte, y una cascada que caía lentamente; todo era tan perfecto.

El hechicero se puso la máscara lentamente y dio media vuelta, le seguí y fue allí que comprendí todo; al parecer alguno de los guardias del emperador había visto a la princesa saliendo con Kišpek y le había informado, a lo que este furioso mandó llamar a este poderoso hechicero para que se deshiciera de él. Bajamos hasta un río y empezamos a internarnos por un espeso bosque, hasta llegar a unas cuevas, de donde salió otro ser que inspiraba miedo; allí dentro de la cueva  pude ver una gran cantidad de San Pedro en unas vasijas, esta es una planta usada por los oráculos pre-incas en sus rituales; tal vez este hechicero había acudido hasta aquí para comunicarse con los dioses, pedir un consejo. El oráculo le dio algo, la escena se puso muy aterradora, inclusive estuve a punto de morir de un infarto cuando el hechicero en su trance, giró y se acercó a mi furiosamente observándome a los ojos como si pudiera verme, paralizado con las justas logré retroceder y salir huyendo hasta ponerme a salvo, no me atreví a volver; así que traté de salir lo más antes posible de esa zona.

Me senté a descansar una vez a salvo al otro lado del río, acá pues pude ver como Kišpek bajaba, corrí tras de él, y le seguí, pero era muy rápido y lo perdí entre las sombras de los árboles que estaban cerca. De pronto vi una luz cegadora que salía estremecedoramente de los interiores del bosque, me adentré rápidamente y pude ver como el hechicero le mostraba a Kišpek una especie de esfera que desprendía una intensa luz como los rayos del sol, segando todo alrededor. Tal fue la intensidad de luz que quedé cegado por unos instantes, y casi caigo al río; cogiéndome de una pequeña rama, esperé que pasara todo. Lo único que lograba escuchar entre tantas palabras era  “Ešquioc”, estaba completamente asustado con los ojos cerrados esperando que todo pase…

Fueron minutos intensos de desesperación, no podía saber lo que estaba pasando; al volver mi visión vi como el hechicero se alejaba, y pensé que  Kišpek había muerto al verlo tendido en el suelo. Me acerqué rápidamente  a su lado, este giró y me miró de una manera que me hizo temblar; sus ojos comunicaban tristeza y soledad, era un dolor tan profundo. Caí de rodillas, empecé a derramar unas cuantas lágrimas, la vida se le estaba esfumando, y no podía hacer nada para ayudarle; este era un muchacho que había  conocido hace poco y en el transcurso de los días me pude dar cuenta que era muy bueno, alguien que daba todo por los demás, no era justo todo esto.

Me encontraba con la mirada en el suelo, empecé a sentir una extraña fuerza, y en mi delante Kišpek iniciaba una transformación que me dejó muy sorprendido; una fuerte energía me golpeó el cuerpo y pude ver como sus brazos se convertían en unas enormes alas, me alejé del susto y desde lejos pude ver como parte de su cuerpo tomaba las características de un cóndor. Se había convertido en un ser mágico, mitad hombre, mitad cóndor.

Ahora entiendo por qué el hechicero no mató a Kišpek, debió ver la pureza de su corazón, alguien con la fuerza para cambiar el mundo, su destino era demasiado grande como para morir. Aquel hechizo le alejaría de la princesa y todos sus seres queridos, pero este cómo podría sobrevivir sin amor, si este en su vida era muy intenso; le esperaba una eterna soledad insoportable. Así pues le otorgó la fortaleza del cóndor, aquel que soporta la soledad; y así fui testigo del nacimiento de una nueva leyenda, con el tiempo una nueva divinidad.

Kišpek remontando vuelo desapareció en la inmensidad de los cielos, me quedé sin habla viéndolo desaparecer, una tristeza inexplicable me invadió; sin fuerzas con gran esfuerzo pude levantarme, con el ánimo caído subí lentamente hasta llegar a la piedra bruja, donde me senté de pura debilidad; cerrando los ojos fuertemente sentí el dolor de aquel hombre, su soledad era demasiado atroz, fue la sensación de no tener nadie en tu vida, el momento cuando todos parten al más allá.

Una fuerte brisa me sacudió y sentí como si algo me sobrevolara, rápidamente abrí los ojos esperando ver a Kišpek, pero sólo pude ver un cielo rojizo que poco a poco se iba tornando más oscuro; casi sin fuerzas logré incorporarme y empecé a salir cuesta arriba, frente a mí estaba la ciudad con sus luces relampagueantes, no me alegré, en mí seguía ese vacío de soledad, y en mi mente aquella mirada, una mirada que no se esfumaba tan fácilmente.

En el cielo brillaba fuertemente el lucero del atardecer, lucero que me hacía recordar a ese gran héroe, Kišpek, que por lo poco que lo conocí estoy seguro que continuó sus días en vigilia de la princesa, realizando grandes hazañas, hazañas que algún día espero conocer; un héroe que conocí en el más profundo de mis pensamientos.

Con las manos en los bolsillos, me perdí entre las calles que poco a poco iban cobrando vida

Anuncios

Acerca de Edward Prince Lion
Soy un hijo más de esta grandiosa tierra, tierra de grandes forjadores, tierra llena de encanto y belleza natural, con un gran pasado histórico.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: